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Mil y una razones para optar por las bolsas reusables

En todo el mundo hay gente dispuesta a cambiar sus hábitos de consumo siempre y cuando ello tenga sentido económico y a la vez contribuya verdaderamente a la conservación del planeta; es el caso de la sustitución de las bolsas plásticas tipo supermercado por bolsas reusables y durables.

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En los últimos años se ha desatado una campaña en contra del uso de las bolsas plásticas. En China y Bangladesh prohibieron del todo su uso, mientras que en Irlanda decretaron un impuesto por la utilización de cada bolsa, con lo que se disminuyó su consumo drásticamente. También Israel, Canadá, algunas zonas de India, Sudáfrica, Taiwán y Singapur han legislado para restringir su uso. Entre tanto, las autoridades de la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, exigen que los consumidores utilicen bolsas plásticas biodegradables.

La historia de la toma de conciencia sobre el efecto del desperdicio plástico en el medio ambiente tiene un momento crítico cuando el oceanógrafo americano Charles Moore, de la Algalita Marine Research Foundation, observó por primera vez una enorme mancha blanca en el Océano Pacífico Norte, irónicamente a muchos kilómetros de distancia de cualquier centro urbano.

En estudios posteriores realizados por la misma fundación sobre esta masa de basura de 700.000 kilómetros cuadrados de extensión se concluyó que, en esa zona, la presencia de partículas de plástico sobrepasa en proporción de 6 a 1 la presencia de zooplancton, la forma más abundante de vida marina.

Antes de que el plástico se popularizara por los años 50 los desechos no se acumulaban en el océano, sin embargo su producción y distribución masiva en todo el mundo en las últimas décadas ha constituido una barrera insalvable para los mecanismos de descomposición de los océanos. A diferencia de materiales como la madera y el algodón que se descomponen en sustancias como dióxido de carbono y agua en un plazo de meses o algunos años, no hay nada en el mar que pueda descomponer los plásticos.

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Por efecto del sol, las olas y el choque con otros sólidos los plásticos se parten en partículas más pequeñas que son aún más peligrosas; éstas actúan como esponjas de muchas toxinas como el DDT y PCB que las aves y los peces tragan ya sea porque las confunden con krill o porque son tan pequeñas que no pueden evitarlas; esos peces luego llegan como alimento a las mesas de los hogares, con consecuencias negativas para el sistema hormonal humano.

Según un programa de monitoreo de desechos de la marina norteamericana, las bolsas plásticas constituyen el 10% de los desechos arrojados por el mar a las costas de Estados Unidos por el efecto de las corrientes. Así las cosas, es posible concluir que una gran parte de esa enorme mancha de basura plástica que el capitán Charles Moore avistara por primera vez en 1997 está compuesta por bolsas plásticas.

Según cálculos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), en el mundo se consumen entre 500 millardos y un trillón de estas bolsas cada año, aunque menos del 1% se somete a reciclaje debido a sus altos costos. Jared Blumenfeld, director del Departamento de Medio Ambiente de San Francisco, lo dijo claramente: “las cifras detrás del reciclaje de bolsas plásticas no son muy alentadoras. Cuesta 4.000 dólares procesar y reciclar una tonelada de bolsas plásticas que puede luego venderse por apenas 32 dólares”.

Bolsas biodegradables que no lo son tanto

Algunos supermercados encontraron una alternativa al problema ambiental causado por las bolsas plásticas en las bolsas biodegradables, a las cuales se les ha añadido un componente químico con el fin de que se descompongan ya no en 450 ó 1000 años, sino en dos. Los responsables por la formulación de políticas y autoridades ambientales en diferentes lugares del mundo han creído encontrar en estas bolsas la solución a medidas más drásticas de difícil implementación; es así como ha hecho su aparición un nuevo alud de iniciativas legislativas que busca prohibir la utilización de las bolsas plásticas no biodegradables.

Los fabricantes de plástico, por su parte, se han opuesto enfáticamente a las medidas argumentando que no hay aún consenso internacional sobre la biodegradabilidad de estas bolsas, y que hasta el momento “sólo se ha constatado que se degradan perdiendo propiedades mecánicas, tornándose frágiles y fragmentándose en pequeñas partículas”.

Su posición se apoya en diversos hallazgos científicos que demuestran que las bolsas con aditivos oxidegradables no se degradan en las plantas de compostaje municipales donde se tratan los residuos orgánicos. Menos aún podrán degradarse, dicen los fabricantes, en el ambiente de los rellenos sanitarios ya que necesitan oxígeno y luz para hacerlo y éstos están diseñados para ser estables y lo más secos posibles. Sus argumentos no son tan fáciles de desestimar, especialmente cuando se recuerda uno de los hallazgos arrojados por la investigación del arqueólogo estadounidense William Rathje, director del Garbage Project (Proyecto sobre la basura). Rathje se dio a la tarea de excavar en los rellenos sanitarios y encontró a muchos metros de profundidad diarios de la década de 1960 intactos y legibles.

Bolsas de papel: muy costosas para el medio ambiente

Tampoco el regreso a las bolsas de papel para empacar las compras parece una alternativa viable, ya que su impacto en el ambiente es mayor que el de las plásticas: su fabricación requiere el doble de energía. Mientras las bolsas plásticas han reducido drásticamente su peso manteniendo su resistencia, las de papel pesan alrededor de seis veces más; también son más costosas, requieren más espacio para su almacenamiento y al terminar su ciclo de vida en el relleno sanitario ocupan más espacio que las plásticas. Mario Tonelli, de Plastivida Argentina, calculó que para fabricar en su país 50.000 bolsas de polietileno se necesitan 450 kg de material que se obtiene del gas natural, mientras que para hacer la misma cantidad de bolsas de papel se requieren 3.628 kg de madera, lo cual implica un claro perjuicio al medio ambiente por la deforestación que produce.

Los fabricantes de plásticos han logrado despejar dos mitos: que las bolsas biodegradables puedan ser la solución al problema y que las bolsas de papel sean una alternativa a las plásticas. Según ellos, las bolsas plásticas tienen incluso ventajas ecológicas ya que prestan múltiples servicios, utilizan menos energía y materia prima para su producción y resultan perfectamente aptas para el reciclaje; sin embargo, está visto que este último proceso, dado sus costos, no es un argumento de mucho peso a su favor.

Es cierto que la bolsa plástica es muy resistente, no se degrada, es tan barata que la regalan, puede cargar muchas veces su peso y se puede reusar para empacar la basura. Pero todas estas cualidades que los defensores del plástico destacan están perdiendo peso frente a la lista de argumentos que tienen a favor de las bolsas reusables los consumidores con ganas de hacer algún sacrificio personal si ven que éste se traduce en un aporte real para la conservación del planeta.

Un ama de casa residente en Estados Unidos consultada para este artículo reportó una disminución de por lo menos 25 bolsas plásticas a la semana en su hogar, sólo por cuenta de sus compras de supermercado. Señala ella que la resistencia de las bolsas plásticas es relativa, especialmente si se considera que muchas tiendas de comestibles utilizan “doble bolsa” cuando empacan botellas de litro y varias unidades de conservas y enlatados. Así pues, diez bolsas de comestibles bien cargadas requieren en realidad 20 bolsas plásticas para aguantar el peso de su contenido. Cuando se emplean bolsas reusables, ese mismo contenido cabe en 10 que se pueden seguir usando una y otra vez.

La bolsa reusable: una alternativa que gana cada día más adeptos

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Se sabe que no hay nada más difícil de cambiar que los hábitos de consumo; sin embargo, este axioma parece quebrarse cuando del bolsillo de los consumidores se trata. Como parte del compromiso para eliminar las bolsas plásticas de sus establecimientos, muchas tiendas en diversos países han optado por cobrar entre 5 y 10 centavos de dólar por unidad a aquellos que las soliciten. Adicionalmente ofrecen bolsas reusables de diversos tipos a un costo subsidiado por el almacén (menos de un dólar la bolsa). Las más deseables son precisamente aquellas elaboradas a partir de botellas plásticas recicladas, cuyo uso cumple dos veces con el objetivo de desintoxicar el ambiente de desperdicio plástico.

En junio de 2008, cuando se prohibieron en China las bolsas plásticas de menos de 0,025 milímetros, Huaqiang, su mayor productora, cerró totalmente sus operaciones. Al mismo tiempo se reportaron ventas de más de un millón de bolsas de tela reusables en internet, según reportó Taobao.com, la conocida página de comercio de China.

La bolsa reusable ha sido el elemento que muchas empresas han elegido para montar sus campañas ecológicas o de responsabilidad empresarial. Ikea, el emporio sueco de muebles para el hogar, se propuso reducir el consumo de bolsas plásticas en sus almacenes de Estados Unidos de 70 millones a 35 millones en su primer año de campaña. Otras firmas que utilizan las bolsas reusables como parte de sus compromisos ambientales son la cadena de tiendas de departamentos Macy´s, y las cadenas de supermercados Whole Foods y Publix. Algunos ven en esta tendencia una moda que todas siguen por no quedarse atrás, pero los resultados son asombrosos, las razones para abandonar el uso de las bolsas plásticas son contundentes, y las reusables son un medio que le permite a la gente poner su grano de arena efectivo para proteger el medio ambiente de manera sencilla y eficiente en función de los costos.

En Inglaterra, por ejemplo, más del 80% de la ciudadanía cree que los almacenes no deben seguir regalando bolsas plásticas a sus clientes, según una encuesta que reprodujo un estudio anterior llevado a cabo por un popular diario del Reino Unido. De esa manera fue posible comparar y comprobar que la preocupación por el impacto de la proliferación de bolsas gratuitas en el medio ambiente aumentó en un año. El australiano Chris Amos, fundador de Reusabags y quien contrató la encuesta, dice que espera que el Reino Unido siga la tendencia de su país, donde la mayoría de la gente ha optado por utilizar bolsas de lona reusables, aun antes de que se anunciara la prohibición de las plásticas.

Amos destacó la preocupación manifestada por muchos de los encuestados acerca de que la reducción voluntaria en el consumo de bolsas propuesta por los más importantes almacenes del país no sería suficiente para lograr el cambio. Estos ciudadanos piensan que el gobierno debería prohibir el uso de las bolsas o reglamentar el cobro por su uso, de manera que pudiera incluso garantizar que una parte de la ganancia por las bolsas reusables fuera invertida en causas sociales. Sin embargo, el gremio del comercio británico se opone a la idea del cobro por bolsa y dice que los acuerdos voluntarios de la mayoría de los grandes almacenes están funcionando bien. En el momento en que se estaba realizando la encuesta, el Gobierno Gales anunció planes para prohibir el uso de las bolsas plásticas gratuitas.

La moda de las bolsas reusables se ha convertido en tema de numerosos artículos de diarios y revistas de todo el mundo, donde se destaca no solamente su función ambiental sino también sus formas y estilos cada vez más atractivos. Incluso han aparecido varias fotografías de celebridades que se dejan retratar con sus bolsas reusables favoritas. Al parecer esta moda, que ha pegado precisamente en los países de mayor consumo, dejará de ser una novedad de temporada para convertirse en uno de esos hábitos que, una vez adquiridos, cuesta mucho abandonar.

Para ilustrar esto está el dilema al que se vio enfrentada una joven americana quien ante la inclemencia del clima en enero pasado, y una recarga de tareas en su agenda, se vio tentada a pedir sus víveres a través de un servicio de entrega a domicilio. La chica tomó rápidamente la decisión, pero pronto cayó en cuenta que con esa opción recibiría no solo los productos sino una generosa cantidad de bolsas plásticas, lo cual la hizo dudar una y otra vez en pedir el servicio porque “utilizar siempre mis bolsas reusables es una forma de vida con la que ya me he comprometido, y no es tan fácil abandonar mis principios” comentaba.

El problemas del desecho de las bolsas plásticas parece haber encontrado una solución en cientos de conversiones individuales que sumadas son capaces de un gran cambio ambiental. Y esta es probablemente la forma que asumirán también otros grandes cambios en beneficio del medio ambiente en el futuro.

Por: Patricia Gómez

Fuentes: Algalita Marine Research Foundation; Revista de la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP) No. 282, 2008; Waste and Recycling News; www.edie.net/news.


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| 2009-07-29 | Imprimir | Recomendar | Agregar comentario